Confía en Dios

Dios está interesado, no en el problema, sino en que nos enfoquemos en Él.
Uno de los salmos más conocidos en la Biblia es el Salmo 91. "El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” (vv. 1-2). 
Dios no promete un mundo libre de peligro, pero sí promete su ayuda cada vez que nos enfrentemos al peligro. Jesús lo dijo: "En este mundo afrontarán  aflicciones, pero anímense, Yo he vencido al mundo" (Juan 16:33). La vida puede traernos muchos sinsabores, pero no podemos perder nuestro enfoque de Aquel que es mucho más grande que nuestro problema. Por nuestra naturaleza humana somos muy dados a afligirnos, intimidarnos o preocuparnos cuando llegan las situaciones difíciles a nuestra vida. 


Cuando la situación social, política o económica del país va en decadencia, cuando vemos que el dinero no nos alcanza, cuando el matrimonio está al borde del divorcio, cuando nuestros hijos se desvían de los principios morales y cristianos, cuando la muerte toca a la puerta o cuando la enfermedad llega sorpresivamente. Todas esas son situaciones que pueden darse y estremecer a cualquier ser humano, aún al más fuerte. Pero Dios, en su inmensa misericordia y gracia nos ha dicho en su Palabra: confiad. Confianza significa la "esperanza o seguridad firmes que se tienen en algo". Y las palabras esperanza y firmeza son unas muy usadas en la Biblia.
Cuando Moisés sacó al pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto, y los guió por el desierto, en un momento fueron amendrentados porque eran perseguidos por el ejército del Faraón. Moisés anima al pueblo con estas palabras: "No temáis; estad firmes y ved la salvación que Jehová os dará hoy, porque los egipcios que hoy habéis visto, no los volveréis a ver nunca más" (Éxodo 14:13, énfasis añadido). No tenían que tener miedo, porque Dios era el que los salvaría. Y les hizo saber de antemano que jamás volverían a ver su opresor. Dios declara una palabra de esperanza cuando las circunstancias a su alrededor decían todo lo contrario. Así es Dios.

En otra ocasión, el rey Josafat se enfrentaba a unos poderosos y cuantiosos enemigos. Aunque atemorizado, Josafat se refugió en Dios, quien le dio la victoria (ver 2 Crónicas 20). Lo más impresionante es que Josafat cobró ánimo y se fortaleció al recordar todas las victorias pasadas en las cuales Dios intervino, así como de las promesas que Dios le había hecho a su pueblo. Y ante tal fe, Dios responde con una declaración poderosa: "No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios" (v. 15, énfasis añadido). Dios les da las estrategias para una batalla en la cual ellos no tendrían que luchar. El pueblo alabó y glorificó el nombre de Dios, mientras los enemigos se mataron los unos a los otros. Sucedió tal y como Dios les había dicho.

Si seguimos buscando en la Biblia, encontraremos muchas otras historias similares. Esto nos dice que Dios está interesado, no en el problema, sino en que nos enfoquemos en Él. Que tengamos confianza en que si ya Él lo hizo antes, lo seguirá haciendo una y otra vez. Jesús nos afirmó que Él estaría con nosotros hasta el fin (ver Mateo 28:20). Y nuestro Dios es fiel para cumplir TODO lo que Él ha prometido. Como lo declara Hebreos 10:23: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió".

Nuestra esperanza está en Dios, en el Único que puede tener el control de nuestra vida. Nuestra confianza debe estar puesta en el Dios que nos creó y que ha prometido estar con nosotros hasta el fin. Por eso, cobra ánimo y confía en Aquel que tiene el poder para cumplir lo que promete. Siempre ha sido un vencedor, y nosotros en Él somos más que vencedores. No importa cuán fuerte sea la tempestad, confía en Él y Él hará.


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Juan Guillermo Ruiz 

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