Somos lo que creemos


Paradigmas, pensamientos, fortalezas mentales causantes de la falta de cambio. “Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de si mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad” (Efesios 4:22-24).

Los paradigmas para los creyentes son aquellas estructuras mentales firmes, resistentes al cambio y casi siempre negativas, que gradualmente reducen la visión, la esperanza y la fe.

Los paradigmas están formados por pensamientos que se aglutinan en conceptos y van dando forma a nuestra manera de pensar, para culminar afectando directamente nuestra conducta.

El peligro radica en el hecho que una vez que una persona recibe un paradigma, pasa a almacenarlo en su memoria y no vuelve a cuestionarlo más; lo acepta como la verdad definitiva, sin percatarse que en realidad se ha convertido en un esclavo del paradigma. En otras palabras, los paradigmas vienen a ser bloqueos mentales –más sólidos que una pared de concreto armado– que nos separan de las bendiciones que Dios desea otorgarnos.

He conocido personas que no aceptan la sanidad divina, porque les enseñaron que Dios ya no sana hoy. Recibieron la enseñanza, la guardaron en su corazón y la hicieron suya. Cuando llega la enfermedad, acuden al médico y buscan alivio por todos los medios naturales disponibles. Sin embargo, sus paradigmas les impiden esperar un milagro de sanidad, les prohíben literalmente creer a Dios por una intervención divina.


Dios lo(a) bendiga

Hasta pronto 

Juan Guillermo Ruiz 




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