Recibiendo tu milagro

La Biblia nos enseña que Dios desea bendecirnos (Génesis 12:2), para que también nosotros podamos ser de bendición a otros. Sin embargo, uno de los aspectos que se ha perdido mucho es justamente la generosidad. A lo cual debemos volver, puesto que hoy tenemos mucho para dar. El libro de Romanos es un carta que trae bendición, enseñanza y nos motiva a buscar la santidad para también ser de bendición a otros. Es una epístola de profunda riqueza doctrinal que nos revela el carácter de Dios, fiel, compasivo y permanente. Y donde también vemos varias expresiones del corazón, las cuales reflejan nuestra profunda necesidad del Espíritu Santo a cada paso. Sin embargo, hoy nos detendremos en la historia de Bartimeo, un judío que supo ir en busca de Dios en el momento justo. 

La lástima es enemiga de los sueños

Bartimeo era ciego y a pesar de su situación, clamó con fe por su milagro y pudo ver con sus propios ojos el amor de Jesús manifestarse. 

Lógicamente, tenía muy baja estima. Dependía de la lástima de los demás y sus días transcurrían a un costado del camino esperando las limosnas de la gente. Hoy en día, una persona sin la capacidad de ver, tiene una vida bastante acotada, sin embargo puede llegar a leer a través de un código especial, puede ser guiado por un perro entrenado y demás ayudas. Pero en el tiempo de Bartimeo, nada de eso existía. Era solo él, su capa y la ayuda de las personas.

Lo peor que le puede ocurrir a una persona es justamente vivir de la lástima de los demás, porque termina por sentir lástima de sí mismo. ¡Qué problema cuando un Hijo de Dios vive como un mendigo! Deja que Dios limpie tu mente y así puedas vivir como quien verdaderamente eres: ¡un hijo con el mismo ADN espiritual que el del Dios Soberano de toda la tierra!

Cuando alguien tiene lástima de si mismo, baja los brazos y considera que sus sueños ya son inalcanzables. Sin embargo, este personaje pudo oír acerca de Jesús que sanaba a la gente de sus males y pensó: ¡esta es mi oportunidad! Y con lo primero que se enfrentó fue con el temor.

La comodidad de lo seguro o el desafío de lo nuevo

Se encontró entre la disyuntiva de seguir en la seguridad de lo que ya conocía o lanzarse a lo nuevo. Y el temor al que dirán fue su primer obstáculo. 

Si decidía acercarse a Jesús, ¿qué irían a pensar de él? Cuando intentamos agradar a las personas siempre nos encontraremos limitados por el famoso “qué dirán”, mientras que no podemos ignorar que los demás en realidad están pensando en sus propios problemas como para ocupar demasiado tiempo pensando en nuestras reacciones o vivencias.

Esto muchas veces inhibe a las personas y no los deja crecer. Mientras que los demás están demasiado ocupados pensando en sus propios asuntos. 

El caso fue que Jesús estaba pasando y Bartimeo tenía la chance de clamar por su milagro. Y aprovechó su oportunidad. Con todas sus fuerzas y desoyendo a quienes intentaban callarlo, buscó llamar la atención de Jesús.
Y al lograrlo, la misma gente que intentaba aquietarlo, comenzó a animarle que se acercara al Maestro. 

Las oportunidades son para aprovecharlas hoy.

¿Qué hubiera ocurrido si no gritaba por su milagro ese día? Hubiera muerto sin ver la luz del sol jamás. Dios deseaba bendecirle pero estaba esperando que él hiciera su parte.

A menudo encontramos tantos obstáculos que preferimos postergar lo que sabemos que debemos hacer. Nos olvidamos de la perseverancia y nos acomodamos en “mañana lo hago”

Dejar las cosas para otro momento, no siempre facilita la vida. Muchas veces, ocurre lo contrario. Dios te puede sorprender. No dejes pasar más oportunidades, busca tu milagro con una actitud de fe y humildad. Y aunque algunas oraciones tarden más que otras, siempre habrás dado un paso para acercarte a Jesús. 

Tus palabras tienen que pedir el milagro

Jesús se acercó a Bartimeo y le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Es decir, lo llevó a declarar por fe su necesidad, lo guió a clamar por su milagro. Aunque era bien clara su necesidad, el Señor buscó que saliera de su condición de auto conmiseración para ir en pos de su sanidad. De igual manera, tenemos que declarar con nuestras palabras lo que estamos anhelando en el corazón. Y si lo que pides está de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces lo verás concretarse. Y, si no, verás que otra puerta se abre. 

Esta es una procesión de fe. No es solamente creer en tu corazón sino también confesar con tu boca. Dios tiene planes y muchos milagros para ti, pero no lo dejes para otro momento. Busca a Jesús hoy y clama por tu vida y tu necesidad.

¡Hoy es el día! Renueva tus expectativas y busca el fuego que el Espíritu Santo quiere derramar sobre los corazones encendidos. Toma la decisión de obedecerle a Dios con un corazón Dispuesto. ¡Hay mucho más que puedes recibir si tan solo clamas con fe!

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