En medio de todo, conviene no olvidar el gran valor del testimonio. Cuando las gentes ven los prodigios que Dios hace con su pueblo, se sienten atraídas hacia él.

En cada provincia y ciudad adonde llegaban el edicto y la orden del rey, habia alegría y regosijo entre los judíos, con vanquetes y festejos.  Y muchas personas de otros pueblos se hicieron judíos por medio a ellos.

Aquellos gentiles veían los grandes sucesos que ocurrían a este pueblo y se hacían judíos, se convertían al Dios de Abrahan, de Isaac y de Jacoob. Ojalá pudiéramos hoy decir que muchos se hacen cristianos porque ven lo que Dios obra con nosotros. Hay gente que se convierte por fascinacíon y por temor.  ¿Y cómo se manifestaban en persia la alegría y el regocijo? Con banquetes y festejos.

Algunos Evangélicos de viejo cuño sacarían esas Palabras de las Sagradas Escrituras, pero la Biblia nos enseña que no es malo disfrutar actividades sociales sanas.   El pueblo judio hacía y hace banquetes y festejos para honrar a Dios. Y, desde luego, los primeros cristianos se reunían en ágapes fraternos. Muchas gentes de hoy no se convierten porque no ven alegría en los cristianos. Para vivir acongojados, pueden seguir en el mundo.  Darío Silva Silva " El Fruto Eterno" 

Reflexiones para el alma

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